Nuestra historia

Corría el año 1987. Patricio Elliot trabajaba como apoderado de un Despachante que atendía a un importador donde el encargado de comercio exterior era Carlos Carusi. Es sabido que las dos tareas son complementarias y que la sintonía entre lo que las partes requieren es fundamental, pero no siempre van por la misma vía: el protagonismo es intercambiable, según la consulta, la operación, la urgencia ... Sin embargo, había sintonía. Esas charlas laborales develaron también una unidad de criterio y de metas en los dos.

Un buen día, por esas cosas de la vida, se les presentó la oportunidad de encarar una operación de comercio exterior fuera de sus ocupaciones habituales. La cuestión se presentaba de perillas, dado que era una operación importante y semi secreta: un producto nuevo de una marca líder en electrónica industrial que se quería introducir en el mercado.

Representaba un avance tecnológico importante para esas épocas y las partes consideraban interesante que los encargados de formalizarla, Despachante y Representante no sean los habituales para esa marca líder y para la planta donde se debían instalar los aparatos.

A nosotros nos encantó la idea y pusimos todo nuestro esfuerzo en ponerla en marcha. Uno se encargó de los trámites en la S.I.C.E. (era la época de las DJNI), el otro de abrir la carta de crédito en el Banco, después pedimos los fondos, arribó la mercadería, se hizo el despacho y se entregó en la planta del importador. ¡Y todo eso lo habíamos realizado nosotros! El cliente nos expresó su satisfacción y nos pagó nuestro trabajo. También nos prometió posibles operaciones en le futuro.

Después de esta experiencia, la decisión de intentar meternos en el negocio no se hizo esperar. Nos reunimos varias veces y con el ímpetu que da la juventud, decidimos encarar el proyecto: constituiríamos una sociedad y nos dedicaríamos a lo que creímos desde un primer momento sería nuestra actividad por muchos años.

Desde el primer momento intentamos hacer las cosas bien: Constitución de la sociedad, que llamamos Elliot, Carusi y Asoc. S.R.L., inscripción en la DGI y alquilamos nuestra primera oficina, de un ambiente y medio en Florida y Lavalle.

Ese primer año fue duro. En esta profesión, como en casi todas, los futuros clientes no aparecen por la puerta. Así que encaramos un plan de visitas a empresas relacionadas con el comercio exterior. Teníamos ya dos o tres clientes seguros, pero el trabajo que nos brindaban era insuficiente. Había que incrementar la actividad si queríamos perdurar.

Un poco después del año de haber iniciado la empresa, logramos el primer espaldarazo: el Grupo Bunge y Born contrató nuestros servicios. Ya teníamos un cadete y un encargado de operaciones. Muchos de los trabajos los hacíamos los socios. (Aún hoy, seguimos encargándonos de ciertos ítems que van más allá de la supervisión general.)

Ese comienzo fue promisorio. No sólo posibilitó que tengamos mucho trabajo, sino que se nos presentaran desafíos constantes. Tanto externos (la realización de importaciones e importaciones de productos muy diversos, que nos llevó a lo que más queríamos, que era la diversidad), así como internos (la estructura de la empresa debía expandirse)

Alquilamos otra oficina más grande en el mismo edificio. Nuestra vieja oficina quedó como archivo. Se sabe que este es un trabajo de acumulación de papeles; entonces, es muy importante tener un archivo ordenado. Sabemos que muchas veces somos el archivo de nuestros clientes.